Teletransportación urgente


Hoy el tráfico decidió que yo no merecía llegar a tiempo. Tres horas para avanzar diez kilómetros. El Waze se rindió. Literalmente: se cerró solo, como diciendo “yo tampoco puedo con esto”. Un tipo me pitó porque no avancé medio centímetro en un embotellamiento. ¿Y qué quería? ¿Que mi coche se hiciera etéreo? ¿Que me fusionara con el aire y me deslizara entre los autos como una sombra ninja?


Pensé en bajarme y caminar, pero hasta las banquetas estaban en huelga. Un señor vendiendo tamales me ofreció uno como consuelo. Lo acepté. Fue lo único que avanzó en esa hora: mi digestión.


Si alguien inventa la teletransportación, que me apunte primero. Y que el segundo sea el imbécil que me pitó. Pero que lo teletransporten directo a una clase intensiva de empatía.