Mi jefe cree que soy un pulpo


Viernes. 4:57 p.m. Mi jefe me manda un correo con cinco tareas “urgentes”. Todas para “antes de salir”. ¿Perdón? ¿Cree que tengo ocho brazos, tres cerebros y cero dignidad?


Le respondí con un “¡Claro! En cuanto termine de construir el puente entre Marte y Saturno”. No lo entendió. Me pidió avances el lunes. Le mandé un Excel vacío con el título: “Milagros en proceso”. No respondió. Sospecho que está esperando que el Espíritu Santo me ilumine el lunes a las 8 a.m.


¿Y saben qué? Estoy considerando imprimir ese correo, enmarcarlo, y usarlo como ejemplo de cómo NO liderar un equipo. Porque si algo me enseñó esta semana, es que la productividad no se mide en correos enviados a última hora, sino en cuántas veces logras no gritarle a tu jefe.